Merlot y Cabernet, para vinos delicados como la seda pero con estructura

Dice Jean Francoise Carrille, dueño de Chateaux Cardinal Villemaurine, afincado a los pies de Saint Émilion (Burdeos), que el vino de esta incomparable zona vinícola es “delicado como la seda”. Y lo es gracias a la variedad de uva Merlot. No en vano el 70% de los viñedos en Saint Émilion -a 48 kilómetros de Burdeos- son de esta variedad y el 30%, Cabernet Franc, que según nos cuenta Jean Francoise aporta estructura a estos vinos bordeleses.

Elegimos ver esta bodega por sus espléndidas cuevas subterráneas, que ellos llaman canteras porque son eso, canteras, de donde se extraían las piedras para construir el pueblo de Saint Émilion, que data del siglo II. Unas canteras que se convirtieron en el lugar perfecto para conservar los vinos. En Saint Émilion hay aproximadamente 100 bodegas y sólo nueve tienen cuevas. Parte de estas cuevas de Cardinal Villemaurine están talladas en roca y otra parte están excavadas en la piedra caliza.

Cardinal Villemaurine se fundó a principios del siglo XX, en el año 1917. Actualmente es dirigida por la cuarta generación de la familia Carrille. La botella más antigua que se conserva es de 1929.

Los vinos que se elaboran en esta pequeña bodega se conservan en depósitos durante un mes, después de la fermentación carbónica. Luego permanecen en barricas durante un año. Cada dos cosechas se renueva el 50% de las barricas. Sus viñedos llegan a las 8 hectáreas y producen 40.000 botellas al año. La mitad se exporta a Europa y a México.

Esta propiedad produce unos vinos frutales y delicadamente amaderados. La vendimia a mano, su crianza en barricas y la vinificación tradicional permite elaborar grandes vinos, que han recibido distinciones del Challenge International (un concurso de vinos que se celebra desde 1971 y en el que más de 4.000 vinos son examinados por 700 expertos de diferentes nacionalidades) y de la Guide Hachette, que reconocen la calidad de estos vinos.

Esta bodega se llama «Cardinal» en recuerdo al un palacio del siglo XII que había en el lugar y que fue construido por un sobrino del Papa Clemente V, el arzobismo Gaillard de la Motte, nombrado después Cardenal. Y el nombre de «Villamaurine» recuerda el paso de los moros por esta región cuando invadieron en 711 Francia y España.

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